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EL LENGUAJE Y EL PODER DE LA TELEVISIÓN

EL LENGUAJE Y EL PODER DE LA TELEVISIÓN

 

Con la aparición en la década de los 50 del s. XX el televisor era el eje de la atención familiar. El promedio del telespectador familiar era 3 horas y medio entre un receptor y un gran número de españoles. Pero la proliferación de las pantallas individuales está cambiando este paisaje, como iremos viendo.

El medio televisión ha superado sus iniciales planteamientos de “informar, formar y entretener” para convertirse en el principal mediador social, ofreciéndonos constantemente modelos de comportamiento, opinión, valores e incluso creencias.

Un espectador ignorante de las técnicas de realización del mensaje televisivo está indefenso ante el posible uso malintencionado de los numerosos artificios del lenguaje audiovisual, que son destinados a convencernos de cualquier cosa. No es de extrañar el gran interés que tienen las fuerzas políticas y económicas en controlar las programaciones de las cadenas de televisión.

El poder de sugestión de la televisión se sustenta en tres factores principales:

·        La confusión entre el mundo real y el que la televisión nos muestra, ya que, como ya sabemos, la imagen mecánica tiende a ser identificada con la realidad de forma inconsciente. Ello ofrece grandes posibilidades de manipulación a quienes elaboran el mensaje televisivo.

·        La inferioridad en que se encuentra el espectador-receptor (pasivo) frente al emisor (activo). Imposibilidad del espectador de responder al emisor salvo cortando la recepción.

·        La programación del emisor está al servicio de los intereses económicos, políticos o del tipo que sean de las cadenas. La televisión no solo alberga programas informativos, de entretenimiento o de alguna manera formativa, sino que es el campo de actuación favorito de la publicidad. El mensaje publicitario alcanza en la televisión su máxima eficacia, habiéndose transformado en una de sus señas de identidad y convirtiendo en mercancía hasta al propio espectador.

 

De hecho, la supervivencia de los canales comerciales se basa en la audiencia que sus programas obtiene, de forma que los anunciantes, a través de las agencias publicitarias, condicionan a este dato su financiación. La rentabilidad económica es el criterio imperante por encima de cualquier otro. Así, la captación del espectador se convierte en el primer objetivo de las cadenas comerciales. Y esto no siempre se realiza compitiendo con la calidad de la programación. Aquí intervienen todos los medios de persuasión que el lenguaje audiovisual proporciona.

Por todo ello, el conocimiento de las técnicas de elaboración del mensaje televisivo cobra vital importancia.


LA INFORMACIÓN COMO ESPECTÁCULO

 

La moderna televisión digital, con su proliferación de canales y la oferta abrumadora para el espectador, ha hecho que la captación de la audiencia haya pasado a ser el tema prioritario y que todos los géneros se tiñan de aquellos tonos que se saben seguros en términos de audiencia. Las televisiones generalistas, que se baten en retirada ente la oferta de los canales especializados y las enormes posibilidades de programación a la carta con amenaza internet, ofrece en un modelo de contenidos con una calidad cada vez más baja, influidos por intereses comerciales y políticos y en los que prevalece el espectáculo, lo superficial y lo morboso.

Los contenidos de los noticiarios, en otros tiempos limitados a “mostrar lo importante”, han transformado en temas estrella aquellos que más puedan estremecer al espectador: el suceso ha tomado la delantera, pero no la gran tragedia como evento informativo, el 11-S o el maremoto de Sri Lanka, sino la cotidiana, la tragedia cercana y anónima con la que el espectador se identifica y que despierta su curiosidad morbosa (ese “mirar por la mirilla” que hizo triunfar la fórmula Gran hermano).

Los estudios de audiometría demuestran que estos temas, junto a la intromisión en las vidas de personajes famosos, que no importantes, son seguros de captación de audiencia y los han transformados en el eje de unos programas que los anuncian previa e insistentemente, de forma que el espectador se ve secuestrado y ha de contemplar el resto de los contenidos hasta llegar a la “noticia” que ha despertado su morbo. Estas técnicas de enganche, utilizadas por los programas de “corazón” o infoshow han sido incorporadas a unos informativos que, salvo honrosas excepciones, han degenerado en crónicas de sucesos aderezadas con otros contenidos.

Desde el punto de vista formal, los informativos han adoptado paulatinamente métodos narrativos procedentes de la publicidad, como ejemplo:

~       La repetición.

~       El uso de eslóganes en las entradillas, titulares y resúmenes.

~       El uso del grafismo para sintetizar la información.

~       El uso de rótulos redundantes con el audio.

~       La ambientación en decorados de supuestas redacciones con gente trabajando, para generar sensación de “urgencia”.

~       El uso de la repetición en cámara lenta para subrayar un hecho.

~       La música de las cabeceras y ráfagas, pretendidamente grandiosa y que transmite autoridad.

 

A lo anterior se añade la simplificación, de modo que los informativos se han transformado en una serie de píldoras de unos pocos segundos que no dejan hueco al análisis de temas complejos.

La finalidad primordial de un informativo parece que ya no es informar sino fidelizar audiencia, insertando componentes espectaculares que las atraigan como la luz a los insectos, aunque su interés informativo o cultural sea nulo. Los espectadores, aunque tengan quitado el sonido de su receptor, verán captada su atención por la mínima expresión de la información: un rótulo chocante. Las tres viejas premisas de la comunicación, informar, formar y entretener, se han transformado en una; ¡no cambies de canal!

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