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Visor

Aulas de Lengua y Cultura Españolas

 

¿Me comprende? ¿Me entiende?

“Si hablas a una persona en una lengua que entiende, las palabras irán a su cabeza. Si le hablas en su propia lengua, las palabras irán a su corazón”

Nelson Mandela

Mapamundi con banderas

Aquí estoy ante lo que más vértigo me da además de las alturas: una página en blanco, especialmente cuando el tema sobre el que tengo que escribir no está ligado directamente con lo que creo que mejor conozco. Sin embargo, pensándolo detenidamente, en esta ocasión la página en blanco me ofrece una gran oportunidad porque me permite escribir sobre mi experiencia en el aprendizaje y en el fomento de la enseñanza de idiomas, conceptos utilizados al referirnos al aprendizaje de una lengua extranjera y su vínculo con la cultura. Desde mi punto de vista el aprendizaje de una lengua y su cultura entrelaza la educación formal con la informal y la no formal, pues ambas constituyen un binomio indisoluble, una correspondencia biunívoca.

"Todos hemos vivido alguna vez esa sensación de no comunicar bien un mensaje especialmente cuando el acto comunicativo lo realizamos con personas de otros países, de otras procedencias, de otras culturas"

Esta sensación de confusión se puede experimentar incluso compartiendo la misma lengua, entre cántabros y granadinos, entre españoles y argentinos, entre chilenos y mejicanos… Tenemos similitudes y también grandes diferencias culturales.

Me estoy refiriendo a la cultura que se podría escribir con minúsculas, aunque no por ello menos importante. Es la que tiene que ver con las formas de actuación, y de vida, de una comunidad, con la idiosincrasia de un país, que se representa mediante comportamientos, actitudes, hábitos y costumbres propios de los nativos de esa cultura. Los elementos mencionados son esenciales para que el no nativo se introduzca en una nueva sociedad. Sin ellos se encontrará con la inadaptación, la inadecuación y, en definitiva, con el fracaso en la interacción comunicativa.

Esta experiencia se vive en primera persona especialmente cuando se interacciona con individuos nativos en una lengua distinta a nuestra lengua materna y es más intensa si se produce fuera de nuestra zona de confort, es decir, en su país e inmersos en su cultura. Situación que ocurre cada vez con más frecuencia, por la gran movilidad internacional y por el incremento de las relaciones laborales, familiares y/o de amistad con personas que viven en otros países, en otros entornos culturales. De ahí que el entramado que se establezca entre educación y cultura, utilizando como excusa la enseñanza o el aprendizaje de una determinada lengua, deba ser exquisitamente cuidado para que nos permita comunicarnos plenamente y que no haya lugar a malentendidos que arruinen un negocio o nos hagan pasar por situaciones incómodas, o incluso frustrantes. Ese entramado invisible anudará la lengua y la cultura con valores cívicos y éticos de incalculable valor que trascenderán al aprendizaje de un idioma, elevándolo a la educación con mayúsculas, pues sin querer estaremos aprendiendo a observar las diferencias, a detectar las similitudes, a indagar con delicadeza, respeto y tolerancia, así como a compartir e interiorizar lo mejor de las culturas con las que se interacciona. Todo en aras de una mejor comprensión, de una mejor y plena comunicación.

"Si las experiencias personales sirven para ilustrar el tema que tenemos entre manos, tal vez puedan ser aquí de utilidad las mías"

Tuve la gran fortuna de nacer y crecer en una familia que siempre apostó por que las siguientes generaciones aprendiesen idiomas. Una parte de mi familia emigró desde Francia a España, una España a caballo entre los siglos XIX y XX, en la que prácticamente nadie se expresaba más que en castellano o en la lengua del lugar, y en la que la recepción, acogida e integración de los inmigrantes era algo que ni siquiera formaba parte de la “cultura” de la mayor parte de los españoles, aunque de facto, posiblemente lo practicasen sin haberle puesto aún los nombres a los conceptos. En aquella época España era una país emisor de emigrantes, principalmente a América, donde se hablaba el español, y las similitudes culturales, fruto del magnífico fenómeno de la hispanidad,  animaban a una movilidad que se producía por una acuciante necesidad de buscar oportunidades, especialmente tras la crisis de identidad derivada de la pérdida de nuestra últimas colonias (algunos dicen que España nunca tuvo colonias sino territorios de ultramar, que es una diferencia sustancial tanto en derechos como en obligaciones, pero este sería tema para otra página en blanco). Pues sí, uno de mis abuelos vino a España a hacer negocios y no especialmente con quienes dominasen el francés, ni siquiera con quienes hablasen un perfecto castellano, sino con un sector de la sociedad de aquel entonces cuyo nivel de analfabetismo era elevado, por tanto, poco leídos y poco expuestos a la cultura en general, pero avispados en los negocios como nadie.

No quiero ni pensar lo difícil que tuvo que ser para él, sin conocer el idioma y casi desconociendo totalmente la cultura, abrirse paso y hacerse un hueco en nuestra querida España cuasi decimonónica, hacer transacciones económicas, casi sin la palabra, solo con los gestos, la mirada, los apretones de manos, creando un pilar intangible sobre el que se sustentaba, y aún se sustenta, la cultura del comercio: la confianza. Este mismo valor también sustentaría su vida en España, creó un modo de vida para él y su familia, se asentó en Madrid y mantuvo vivos los vínculos con su Francia natal, aunque estos se fueran diluyendo con el tiempo.

Mi padre aprendió el suficiente francés para poder comunicarse oralmente, “para defenderse”, como se decía entonces cuando no había marco común de referencia de las lenguas. (Obsérvese la palabra utilizada: defenderse, como si interaccionar con quien no hablase tu propia lengua fuese un acto peligroso). Además, conservó y cultivó algunos elementos culturales franceses, principalmente los vinculados a la gastronomía, la elegancia en el vestir, el gusto por la cultura con mayúsculas, y… poco más, pero siempre tuvo muy claro que la siguiente generación no podía permitirse el lujo de no saber idiomas ni de no conocer otras culturas.

Encontró en mi madre a la aliada perfecta, que, sin saber idioma extranjero alguno, se embarcó en el empeño de que sus tres hijos aprendiesen al menos uno. Mis hermanos aprendieron francés en el colegio y algo de inglés, y para cuando yo llegué a la edad escolar, ya solo aprendí inglés, desde mi más tierna infancia, desde los tres años, y… de francés, casi no sé nada y mucho menos de mi familia en París. Es decir, en menos de dos generaciones la conexión con Francia, con su lengua y con su cultura, se había perdido en la familia. Todo un lujo, un derroche.

Esta situación, o muy similar, la puede vivir cualquiera que emigra y se asienta en otro país durante un largo periodo de tiempo. Con el inexorable paso del tiempo, se produce, lenta y suavemente, una dilución de la cultura propia y de la lengua del país de origen en la del país de acogida, que acaba en un desarraigo más o menos doloroso, pero siempre hondo, que deja un hueco en cada emigrante. La posibilidad del retorno siempre está presente y, cada vez que uno vuelve a su madre patria, se va dando cuenta de que ya no entiende bien a los suyos y de que los suyos ya no le entienden tampoco a él. Se van asumiendo hábitos cultures del país de residencia y se comienza a vivir una dualidad interna que va soltando lo propio y adoptando lo ajeno. En el mejor de los casos, se consigue una mezcla fruto de la adaptación y evolución de las culturas de ambos países.

También se exporta el propio acervo cultural, se dan a conocer las costumbres, generalmente las sociales y las gastronómicas, que suelen ser las más sencillas de mostrar, de compartir. Para tener éxito en este empeño, la sociedad de acogida tiene que ser abierta, receptiva y tolerante, tanto en darse a conocer como en querer conocer al extraño, al diferente.

¿Qué hacer para que el desarraigo no se produzca? Estrategias hay muchas, seguro, y tal vez pensemos que los españoles residentes en el extranjero, que son quienes pueden vivir estas experiencias, estarán olvidados y que seguro que España no tiene plan estratégico alguno, y que no se habrá pensado siquiera en esta circunstancia. Pues bien, en esta ocasión, sí que hay un plan y parte de él está basado en la educación para mantener viva la lengua y la cultura española en muchos lugares del mundo. Seguro que no en todos donde hay un español, pero si en muchos (11 en la actualidad).

Si hacemos un poco de retrospectiva histórica, en los años 60 del siglo XX, España se convierte en un manantial de mano de obra para algunos países europeos, principalmente Francia, Suiza y Alemania, y entonces surge la necesidad de atender a los hijos de los españoles residentes en el exterior. Las familias españolas no querían que sus hijos desconocieran sus orígenes ni que el único enlace con España fueran los padres o las casas de las distintas regiones que se iban abriendo por doquier. Querían una educación formal pensando también en un posible retorno a España.

En un principio, es el Ministerio de Asuntos Exteriores quien se encarga de contratar a profesores desde los propios consulados españoles. La emigración siguió creciendo y en consecuencia también lo hizo la demanda de profesores que tenían que atender a sus hijos. Entonces era el Ministerio de Trabajo, el encargado de los asuntos migratorios, y es quien se hace cargo de esta tarea. Así, el Instituto de Inmigración pasa a ser el organismo encargado de organizar estas aulas y de contratar a los profesores necesarios, siempre en colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores hasta que, a mediados de los años 80, el Ministerio de Educación será el que se encargue de las Aulas de Lengua y Cultura Españolas, ALCE, situación que continúa a día de hoy.

"La finalidad de estas aulas es el mantenimiento de los vínculos de los españoles residentes en el exterior con su lengua y su cultura de origen, desde el convencimiento del valor que ello aporta para el enriquecimiento personal de estos ciudadanos y de la difusión del acervo cultural español en los países de residencia"

En la actualidad, las enseñanzas de lengua y cultura españolas van dirigidas a alumnado de nacionalidad española (o hijos de españoles) en edad escolar. En estas aulas se aprende español, se realizan actividades lúdicas y se comparten experiencias vitales con compañeros, en español, la lengua de sus padres y de sus abuelos y del resto de sus familiares y amigos en España.

En la actualidad hay 14 agrupaciones ALCE en 11 países, que comprenden 365 aulas con más de 15.000 alumnos entre los 7 y los 17 años. Las clases de ALCE se imparten, fuera del horario escolar del país y, desde 2010, las clases presenciales se combinan con el uso de la plataforma virtual Aula Internacional.

Dos piezas de un puzzle que encajan. lengua y Cultura.

Las aulas se organizan en Agrupaciones ALCE, como si de un centro educativo español se tratasen: tienen su director, su claustro de profesores y demás órganos que garantizan la participación de todos los sectores de la comunidad educativa. Las instalaciones en las que se ubican, o bien son producto de una amable y desinteresada cesión fuera del horario escolar como ocurre con el aula ALCE situada en Key Scott Elementary School en Arlington, Virginia, perteneciente a de la Agrupación de Nueva York en EEUU, o bien se alquilan, como ocurre con el aula de Maryland, de la misma Agrupación.

Los profesores son seleccionados mediante un procedimiento selectivo que tiene fase de concurso y pruebas escritas y orales, y son enviados a las agrupaciones de los distintos países en adscripción temporal, formado parte de la representación diplomática de España en el país de destino.

Las enseñanzas se articulan en niveles de competencia en la lengua (desde A1 hasta C1) correspondientes al Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas. Comprenden un total máximo de diez años. Al finalizar la escolarización en el programa se obtiene, con la superación de una prueba final, el Certificado de Lengua y Cultura españolas, expedido por el Ministerio de Educación, con mención del nivel C1. Este hecho las hace especialmente valiosas ya que esta acreditación del nivel de competencia lingüística en español permite a los hijos de españoles que lo deseen, cursar estudios superiores en la Universidad española, abriéndoles una opción de alto interés y muy enriquecedora.  https://youtu.be/669LPveS7Mk

"ALCE es “tener”, es “vivir España” dos días a la semana"

Los hijos de los españoles residentes en el exterior reciben el tesoro del español, viviendo lo español en las ALCE. Como expresan muchas familias que pueden disfrutar de esta gran oportunidad, ALCE es “tener”, es “vivir España” dos días a la semana. A los padres y madres les permite relacionarse con otras familias, integradas por al menos un español, residentes en la zona y crear comunidad. A sus hijos, inmersos plenamente en la escuela, en la educación del país de residencia, les permite aprender español a la española, lo que les facilitará entender mejor a sus padres y a la familia que tienen en España. Se les da a conocer valores propios de nuestra cultura, valiosos intangibles que constituyen nuestra esencia como sociedad. Además, les conecta con los valores culturales tangibles de los que puede que lleguen a saber por sus estudios en el país de residencia, pero cuya interpretación y significado tienen la oportunidad de aprender en la “escuela española”, a la que van por la tarde, porque quieren y desde una perspectiva única. Algo que realmente marcará una diferencia en sus vidas.

Si se piensa detenidamente, este empeño y gran esfuerzo que hace tanto España, como las familias de españoles residentes en el exterior, es un regalo de un valor incalculable para las siguientes generaciones que se proyecta tanto en el país de residencia como en nuestro propio país. Por si no lo he mencionado anteriormente, cabe destacar que las clases son gratuitas.

Es una inversión inteligente y con réditos, no inmediatos, pero sí de gran calado y de mucha trascendencia. Además, puedo asegurar que es un programa que para sí quisieran los residentes en el exterior de otros países, incluso los de habla hispana desean y solicitan que sus hijos puedan disfrutar de las clases de ALCE.

Otros países han intentado implementar programas similares, incluso las familias se han organizado y contratando profesores de la lengua y la cultura de interés y sin embargo, el éxito ha sido menor. El hecho diferenciador radica en que las Agrupaciones ALCE tienen una estructura educativa establecida, con una comunidad educativa bien conformada, procedimientos de selección del profesorado entre los funcionarios docentes españoles, su currículo formal y la certificación de la competencia lingüística en el idioma; todo ello dota al programa de unas garantías respaldadas por el Gobierno de España que en definitiva visten al programa ALCE con una pátina de oro muy difícil de no apreciar, desear y valorar.

España no solo tiene las Agrupaciones ALCE sino que tiene todo un plan que constituye la Acción educativa de España en el exterior https://youtu.be/Y5_X2dCuxxk que se despliega en un conjunto de programas que tiene como objetivo contribuir a la mejora de la calidad del proceso de enseñanza y el aprendizaje de la lengua española y de su cultura. Estos programas están principalmente centrados en atender necesidades en el tramo de enseñanza no superior y se pueden clasificar en: 

 

·       Programas educativos de movilidad dirigidos a profesionales:

·       Profesores visitantes españoles en países como EE.UU., Canadá China, Irlanda y Emiratos Árabes. https://youtu.be/7_NYF32KGM8

·       Auxiliares de conversación españoles en el exterior.

 

Estos programas convierten a los docentes y a los auxiliares de conversación en auténticos embajadores de la cultura y de la lengua española, destinados en escuelas ubicadas en lugares remotos e inimaginables, a los que la diplomacia tradicional no llegaba, y me atrevo a asegurar que aún no llega, y posiblemente no llegará, pero allí sí que hay un profesor español empeñado en difundir su lengua y en dar a conocer su cultura. Una llave humana que abre mentes, que entra en las familias de otros países diciendo que ni todos comemos paella ni bebemos sangría a todas horas y que no vamos por la calle vestidos ni de quijotes ni de toreros ni de flamencas, sino que somos el primer país del mundo en trasplantes de órganos, que estamos en Europa, que tenemos la ciudad más antigua del mundo occidental, que los regalos en Navidad nos los traen los Reyes Magos cada 6 de enero, que nos gusta compartir mesa y mantel en largas sobremesas con familia y amigos, que nos gustan los chistes y que jugamos a algo más que al fútbol, por ejemplo, al bádminton con campeona del mundo incluida y que hemos exportado la siesta…

Nos asombraría saber dónde están las escuelas en las que nuestros profesores están dando clases de español (por ejemplo, Saint George en Utah, EEUU), al igual que es sorprendente que los auxiliares de conversación de lengua inglesa que hay en España estén destinados en supongamos, Valderacete, para los que una localidad como Valderacete no era la primera imagen del destino en España, ni en Madrid, que primero le vino a la cabeza cuando decidieron participar en un programa de intercambio cultural. En fin, una riqueza que no tiene precio.

 

También hay programas dirigidos a escolares:

- Secciones españolas en centros educativos de distintos países.  https://youtu.be/QqGv5xN0aNM 

- Programas de estudios integrados, con currículos mixto conducentes a la doble titulación en el condado de Miami Dade, que curiosamente surge impulsado por la colonia cubana en Miami que busca mantener el nivel educativo de los hijos de los cubanos residentes en Miami y buscan y encuentran, el apoyo de España (este programa ya tiene casi 35 años y en él se han formado grandes personalidades del mundo hispano en los EEUU).

- International Spanish Academies (ISA) https://youtu.be/u-u0Vz2b8i8

- Y el programa ALCE del que ya hemos hablado profusamente con anterioridad.

 

Con la intención de contribuir a la mejora la calidad de la enseñanza del español también hay programas dirigidos a la actualización y formación permanente del profesorado de español, que puede tener nacionalidad española o no:

- Centros españoles de recursos para la enseñanza del español, CER, ubicados en distintas universidades o en centros educativos. Constituyen un servicio de acceso libre y gratuito, cuya finalidad es ofrecer no solo un lugar de consulta de material bibliográfico y audiovisual, sino también un espacio de encuentro y de dinamización formativa y cultural.

- Formación del profesorado, con planes de formación anuales desarrollados por las distintas Consejerías de educación de España a lo largo del mundo y realizadas en colaboración con distintas instituciones y entidades y la promoción de cursos de verano en universidades españolas. 

- Otras acciones que se pueden enmarcar en la difusión de la lengua y cultura española, en la mejor metodología para su enseñanza a escolares de todas las edades, como: 

     redELE, cuyo objetivo es ofrecer información específica relacionada con la didáctica de esta disciplina, contribuir a la formación del profesorado de español como Lengua Extranjera (ELE) y poner en contacto a los profesionales de la educación y la enseñanza del español con la actividad internacional del MEFP.
https://www.educacionyfp.gob.es/mc/redele/portada.html

  Publicaciones de revistas en las distintas Consejerías, uso de las redes sociales y páginas web. https://www.educacionyfp.gob.es/eeuu/publicaciones-materiales/materiales.html

        Ponencias y talleres en congresos de ámbito local, regional y nacional. 
 

Volviendo al aprendizaje de idiomas, ¿qué nos ocurre a cada uno de nosotros? Pues nuevamente reflexionando sobre mi experiencia, con el inglés del colegio, impartido por profesoras nativas, pude terminar mi tiempo escolar hablando leyendo y escribiendo en inglés, bastante bien, sobre distintos temas; mi acento al hablar era el del inglés de las cintas, incluso fui capaz de estudiar Química en la Universidad en inglés, pero los ingleses para mi eran desconocidos, y no digo los angloparlantes porque a mí me enseñaban el inglés de Inglaterra que era el que aprendíamos los niños y jóvenes españoles de aquel momento. Entonces éramos así de poco internacionales, al menos en mi entorno social, una familia de clase media en Madrid. A veces me pregunto cómo hemos sido capaces de evolucionar y cambiar tanto en tan poco tiempo; desde luego ha sido una empresa digna de admiración y elogio.

El caso es que continué mi vida universitaria yendo a clases de inglés, profesores particulares, clases reducidas, cursos intensivos de verano en el Instituto Británico, cada vez aproximándome más a la cultura anglosajona, pero sin vivirla, sin conocerla de primera mano, sin sumergirme en ella.

Cuando tuve la oportunidad de vivir en una experiencia de inmersión temporal era ya una adulta y lo hice por turismo o por la participación en un congreso. Eran incursiones en la cultura anglosajona que fueron haciéndome darme cuenta de que había estado perdiendo mucho tiempo, de que mi formación en el inglés estaba carente de un elemento clave: me faltaba conocer, en primera persona y durante un largo periodo de tiempo, la cultura asociada a la lengua inglesa. Solo así conseguiría comunicarme mejor, comprender a los angloparlantes y, lo que era más importante para mí, expresarme debidamente para hacerme entender.

Todo esto hay que entenderlo en el contexto de por qué nos interesamos en conocer un idioma. Generalmente, pretendemos disponer de una herramienta de comunicación, no siendo el objetivo más frecuente el de llegar a ser experto en el idioma sino un usuario con las destrezas suficientemente desarrolladas como para ampliar horizontes en el conocimiento, en las relaciones personales y en el desarrollo profesional. A medida que vamos profundizando en su conocimiento nos vamos dando cuenta de que ser capaces de leer, de escribir, de hablar, no nos permite llegar a comprender lo que leemos o escuchamos y mucho menos a expresar con precisión para hacernos entender, es decir, no hay una plena comunicación.

Por tanto, transitamos por el camino que conecta las destrezas lingüísticas, es decir, a las formas en que se activa el uso de la lengua, tradicionalmente clasificadas atendiendo al modo de transmisión (orales y escritas) y al papel que desempeñan en la comunicación (productivas y receptivas). En la mayor parte de las ocasiones con un éxito muy relativo.

Descubres que dominar una lengua es más que dominar su código lingüístico. Es necesario que los interlocutores compartan cierto conocimiento del mundo en el que están inmersos para comprender acertadamente el mensaje. Entre los elementos que comprenden ese mundo están el componente social, la dimensión psíquica, los modos y maneras, las costumbres, los hábitos estandarizados y por supuesto, la cultura.

De hecho, en los años 80 del pasado siglo, se introduce la competencia sociocultural o competencia cultural como imprescindible para que el aprendiz de una lengua desarrolle y alcance en plenitud su competencia comunicativa. Entonces se produjo un punto de inflexión en el proceso de enseñanza-aprendizaje de un idioma, ya que se comienza a enseñar, y a aprender, en contextos comunicativos reales que llevan implícitos una serie de prácticas sociales y de valores culturales estrechamente vinculados a esa lengua y a sus usos.

Esto tiene su máxima expresión material cuando uno decide vivir una experiencia formativa o profesional en otro entorno, llamémoslo país, donde la lengua y la cultura no sean las propias. Es en ese momento cuando uno se descubre a sí mismo como un ciudadano incompetente, y en ocasiones indefenso y vulnerable, en contextos diarios en los que no solo era competente en su país, sino que era un auténtico experto, porque dominaba las claves, especialmente las claves culturales.

Tradicionalmente, en el ámbito de la enseñanza de las lenguas extranjeras se viene haciendo una distinción entre la llamada cultura con mayúsculas, entendiendo por tal la cultura legitimada, es decir, la literatura, el arte, la historia etc., y la ya mencionada cultura con minúsculas. Ambas, entroncan en el concepto de la lengua en la cultura: modismos, frases hechas, refranes… Es decir, elementos lingüísticos que se emplean en una determinada situación comunicativa desarrollada en el seno de una cultura o al hablar de la cultura tradicional o de la cultura con mayúsculas.

Para intentar complementar la enseñanza de otras lenguas y otras culturas es de gran ayuda la figura del auxiliar de conversación o, mejor dicho, la del embajador de la lengua y la cultura, que sirve de apoyo al profesor de idiomas y que introduce frescura y riqueza en la clase de idiomas, compartiendo las tradiciones, las expresiones, los temas tabúes en de un grupo sociocultural, además de presentar los valores cívicos y sociales de su cultura materna. Todo un lujo poder contar con estos embajadores culturales que, además, nos despiertan la curiosidad y siembran la semilla de la tolerancia ante distintos usos de la lengua y costumbres sociales que forman parte de lo que se podría llamar el currículo oculto de un idioma. https://youtu.be/MbRB-oxzQ4k

Cuando creces en una sociedad específica, es inevitable aprender las miradas, los gestos y los pequeños cambios de voz o tono y otras herramientas de comunicación para enfatizar o alterar lo que quieres hacer o decir. Estas técnicas de comunicación específicas propias de una cultura se aprenden, principalmente, imitando y observando a las personas, inicialmente de los padres y parientes inmediatos y luego de amigos y personas fuera del círculo familiar cercano. Todo esto se integra en lo que se conoce como comunicación no verbal, en la que el lenguaje corporal también juega un papel esencial: las posturas, expresiones y gestos que se utilizan llevan implícito un significado que también contribuyen y mucho a la correcta comunicación”. 

 "Muchas veces nuestra experiencia en el extranjero fracasa y pensamos que es porque desconocemos el idioma. Posiblemente la razón de ese fracaso esté en que desconocemos las claves culturales del grupo social en el que utilizamos la lengua"

La lengua es la fuente, la herramienta con la que expresamos nuestra cultura, y la cultura es la esencia y ambas están en continua evolución (Vanessa Anderson). Kramsch concluyó que la lengua expresa, encarna y simboliza la realidad cultural.

Dos piezas de puzzle, una representa la cultura ,otra la lengua.

Por tanto, apostemos por una inmersión no solo lingüística en sentido estricto; sumerjámonos en la cultura, especialmente en esa cultura que se escribe con c minúscula y descubriremos todo un universo de matices comunicativos que facilitarán en gran manera nuestra satisfacción a la hora de usar un idioma porque nos dará claves para una comunicación satisfactoria. Así avanzaremos por ese entramado que mencionaba anteriormente, que nos permitirá conocer los matices invisibles de una lengua y que solo puede traer enriquecimiento personal y un valor añadido que realmente marcará la diferencia.

Observemos, preguntemos y aprendamos que ni lo nuestro es lo mejor ni lo del resto no sirve. La mezcla siempre permite la evolución, nos enriquece y nos hace mejores, solo hay que estar dispuestos, abiertos a ello. Solo así llegaremos al corazón de nuestro interlocutor y la comunicación será exitosa y, sobre todo, nunca perdamos la esencia, nuestra esencia, nuestra cultura con c minúscula.

Mª José Fabre González

Ha ejercido durante 5 años como Consejera de Educación del Gobierno de España para Los Estados Unidos de América y para Canadá, en la Embajada de España en Washington DC.

 

Mª José Fabre González
Viceconsejería de Organización Educativa Consejería de Educación y Juventud
Comunidad de Madrid.

Foto deMaría José Fabre