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Nuevos rumbos para la evaluación en un mundo digital

La necesidad de encontrar formas más complejas de evaluación se ha visto reforzada en los últimos años, en los que ha aumentado el interés por las pedagogías activas; metodologías que ponen de relieve, una vez más, la imposibilidad de evaluar de una forma adecuada sin utilizar otra serie de métodos.

Óscar Martín Centeno
Director del CEIP Santo Domingo (Algete)

Todos los educadores estaremos de acuerdo en la importancia que tiene la evaluación para la mejora, la actualización y la coherencia de la práctica docente. Sin embargo, nos encontramos con numerosos enfoques centrados todavía en la calificación. Esta forma de evaluar solamente nos transmite un reflejo, en forma de nota, de las cuestiones que han sido valoradas. Como mucho podremos fomentar una reflexión sobre la evolución del alumnado y, con suerte, sobre la influencia de otras condiciones en dicha evolución.

1. Importancia de una adecuada evaluación

Importancia de una adecuada evaluación. INTRODUCIR AQUÍ EL ARCHIVO -IMAGEN2- La evaluación resulta esencial en el sistema educativo porque es la herramienta fundamental para mejorar el proceso de enseñanza. Sin embargo, evaluar es una acción que tradicionalmente se ha identificado con el final del camino; se ha convertido en un control sobre el rendimiento del estudiante que se traduce en una nota numérica. Esa nota no tiene contexto, es media de cuestiones muy diversas y pone nombre al esfuerzo, al conocimiento y a las competencias desarrolladas. A nadie se le escapa la dificultad de que dicha forma de evaluación se convierta en una herramienta útil para mejorar nuestros centros educativos. Si queremos que la evaluación sea útil deberá centrarse en el estudiante y ponerse al servicio del proceso de aprendizaje Debemos tener en cuenta, además, que, como señala Calatayud (2007), la evaluación condiciona tanto el proceso de enseñanza-aprendizaje como la relación entre el profesor y el alumno, además del contenido, la metodología, etc. Si queremos que la evaluación sea útil deberá centrarse en el estudiante y ponerse al servicio del proceso de aprendizaje. Solamente entendiendo la evaluación como un conjunto coordinado de acciones, capaces de hacer un acompañamiento, cobrará realmente sentido. Estas acciones habrán de ser numerosas, contrastadas y transparentes. Deberán dar información que nos permita detectar problemas y analizar en su complejidad el proceso educativo. INTRODUCIR AQUÍ EL ARCHIVO -IMAGEN3- La capacidad que hemos tenido hasta ahora para manejar datos, preparar documentos o realizar comparativas, ha sido muy reducida. Sin embargo, las posibilidades que nos brinda la tecnología para automatizar determinados procesos y contextualizar la información, hace que podamos establecer una dinámica mucho más rica para evaluar. Ya no se trata de hacer medias de tres exámenes, si queremos manejar rúbricas con docenas de indicadores varias veces por trimestre, podemos hacerlo con relativa sencillez. De forma automatizada podemos cruzar estos datos con otras aulas, otros docentes o mostrar tendencias en la evolución que está teniendo un estudiante. El hecho de que dichos datos sean manejables de una forma gráfica, comprensible y rápida, nos permite tomar decisiones fundamentadas para mejorar nuestro trabajo docente. En cualquier caso, de nada nos servirán todos estos avances si no fomentamos una cultura de la evaluación. Debemos comprender que el seguimiento ha de ser formativo, ofreciéndonos información que nos ayude a mejorar el desempeño de todos los actores del proceso. La práctica docente ha de enriquecerse constantemente con una valoración, de la misma manera que el desempeño de los estudiantes también debe mejorar con las indicaciones que se deriven de la evaluación. A esto hay que añadir que, para que esa evaluación sea global, debe revisarse también la actuación de la Administración y de la Inspección Educativa. INTRODUCIR AQUÍ EL ARCHIVO -IMAGEN4- Evaluación, competencias y el nuevo mundo digital. La evaluación por competencias hace necesario que valoremos la capacidad de nuestros estudiantes para resolver problemas en un contexto cotidiano. No estamos evaluando el contenido, sino la aplicación del mismo. Valoramos la capacidad del estudiante para utilizar lo que sabe en distintos contextos. Evidentemente, si queremos evaluar por competencias, nos encontramos con la dificultad de no poder aplicar de forma cotidiana ese conocimiento a situaciones reales. El aula no deja de ser un entorno artificial. Sin embargo, la entrada en nuestras aulas del mundo digital, así como el uso cada vez más participativo, creativo y funcional de la tecnología, cambia nuestra capacidad para evaluar de forma competencial. No es ningún secreto que la realidad de nuestros estudiantes ha cambiado. La interacción que se produce a través de la tecnología, así como la colaboración para la realización de proyectos comunes, requieren un uso relativamente cotidiano de la red. Si los contextos cambian, nuestra forma de evaluar también. Esto hace que nuestra forma de enfocar lo competencial también se transforme. Si los contextos cambian, nuestra forma de evaluar también. Antes, si queríamos evaluar sobre situaciones reales, debíamos fomentarlas o recrearlas. Ahora, la realidad debe tener en cuenta el mundo digital porque en ese mundo es donde nuestros estudiantes habrán de resolver la mayor parte de sus problemas cotidianos. Para evaluar de forma competencial deberemos tener en cuenta una serie de cuestiones: - La evaluación ha de formar parte del proceso cotidiano de enseñanza-aprendizaje. Es decir, no debe ser la culminación de un camino, sino un acompañamiento que incita a la reflexión, la flexibilidad y la mejora. - La evaluación ha de ser transparente y significativa. Esto implica que los estudiantes deben ser capaces de comprender perfectamente lo que se está evaluando, siendo, además, conscientes de su importancia. - La evaluación ha de ser coherente con el proceso de trabajo. La evaluación continua nos obliga a flexibilizar las tareas docentes dándonos la posibilidad de replantear determinadas actuaciones en pro de la mejora. De la misma forma, la evaluación también debe ser flexible para ser coherente. Aunque unos indicadores precisos pueden marcar muy bien cuáles son las cuestiones que serán evaluadas, también es importante que dicha evaluación nunca pierda la conexión con la realidad. Si nuestros estudiantes perciben que lo que evaluamos se aleja del contexto, la evaluación volvería a convertirse en una mera acción de control. - Ha de tener un importante componente cualitativo. Si partimos de una idea reflexiva de la evaluación, no podemos perder de vista que es necesario analizar la información de forma cualitativa, realizando observaciones imposibles de recoger de forma numérica. - Para que este tipo de evaluación funcione es necesario que sea percibida como un instrumento útil. Debe evitarse la imagen de medición constante y, por supuesto, la imagen de un instrumento coercitivo para el estudiante. Ha de ser entendida como una colaboración, una ayuda o una reflexión sobre el trabajo para fomentar la mejora del mismo. - Al revisarse diferentes procesos y valorarse diferentes competencias con cada acción evaluativa, todas ellas pueden ser percibidas como actividades cotidianas de aprendizaje. Es más, se pueden convertir en puentes de conexión entre contenido de diferentes materias. Cuando evaluamos competencias no evaluamos compartimentos estancos; por eso, una buena evaluación competencial puede dar solidez a un proyecto globalizado. - Trabajar la evaluación con criterios consensuados entre los diferentes docentes. Esta cuestión es fundamental para establecer una estructura evaluativa comprensible por los estudiantes. Si mantenemos una metodología evaluativa similar entre todos los docentes le daremos más coherencia, rigor y estabilidad al proceso. La evaluación ha de formar parte del proceso cotidiano de enseñanza-aprendizaje, no debe ser la culminación de un camino, sino un acompañamiento que incita a la reflexión, la flexibilidad y la mejora. Estructura de una valoración por competencias. 1. Toda evaluación debe tener en cuenta el punto de partida, por eso la evaluación inicial es totalmente necesaria para poder valorar posteriormente el progreso competencial de los estudiantes. 2. Establecer, de forma clara, cuáles serán los objetivos que perseguiremos. Estos objetivos deben explicarse de la forma más precisa posible, ya que tanto los docentes como los estudiantes deben comprender de forma adecuada la meta que nos estamos marcando. 3. Revisar cuáles serán los criterios, la metodología y, sobre todo, los instrumentos que utilizaremos en esta evaluación. En este sentido conviene que se revisen de forma precisa los indicadores y descriptores. Para ello es necesario que los docentes compartan una visión clara de lo que vamos a evaluar. Una vez que los indicadores se definen, sientan una visión de lo que nuestros estudiantes deben poder hacer, lo que influye en el proceso de las diferentes asignaturas. Además, es necesario que se trabaje de forma interdepartamental para hacerlo, puesto que muchas de las cuestiones evaluadas incidirán en la metodología que se aplica en las aulas. 4. Recoger los datos para la evaluación. Esta cuestión tiene también una gran importancia, ya que no siempre la recogida de datos se lleva a cabo de una forma adecuada. Los datos han de llegar al evaluador de la forma más precisa posible para que se puedan tomar las decisiones adecuadas a la hora de valorar. 5. Toda valoración debe llevar implícita una propuesta de mejora. Es esencial que la evaluación sea lo más formativa posible, por esa razón necesitamos que, en todo momento, ofrezca información útil sobre cómo mejorar. Dar una nota, sin ofrecer más explicaciones, no es más que un control sobre el aprendizaje: lo interesante de la evaluación es que nos ayude a mejorar en el día a día. Autoevaluación. Calatayud (2000, pág. 23) definía la autoevaluación como un proceso de reflexión en el que el sujeto en formación participa en su propia evaluación. Esta idea ha ido evolucionando en los últimos años debido a los diferentes avances en el mundo digital y al interés creciente por la mejora pedagógica. Darle a los estudiantes la posibilidad de participar en el proceso de evaluación es, evidentemente, muy coherente con las ideas presentadas hasta ahora en este artículo. Si pensamos en la evaluación como un proceso de acompañamiento que mejora constantemente el aprendizaje, sería deseable que el discente, como principal interesado, reciba la información y sea capaz de utilizarla, al igual que el docente para mejorar su trabajo. Compartir además la responsabilidad sobre la evaluación del proceso nos va a permitir fomentar una actitud más honesta ante el trabajo de enseñanza-aprendizaje por parte de todos los agentes que intervienen, haciendo de la transparencia, los criterios objetivos y la efectividad sus principales características. Para conseguir que la autoevaluación se produzca de la forma más útil posible es necesario que tengamos en cuenta una serie de cuestiones. Antes de comenzar es fundamental que se explique, con la máxima claridad, los objetivos que se están persiguiendo y cuál será la metodología a aplicar. Posteriormente, podremos recordar los conocimientos previos y el itinerario que seguiremos. Después, tendremos que trabajar sobre cuáles serán los criterios de evaluación, los instrumentos que utilizaremos, facilitar las rúbricas en caso de que vayamos a utilizarlas y, evidentemente, tener en cuenta esa autoevaluación a la hora de calificar al estudiante. La evaluación no es una herramienta de control, sino un proceso de mejora que compartimos todos los agentes educativos. Todas estas cuestiones son esenciales para que la autoevaluación funcione correctamente. Pero, aún así, deberíamos tener en cuenta que cualquier proceso de evaluación depende mucho de la metodología con la que estemos trabajando. No va a tener la misma naturaleza una autoevaluación sobre un producto de aprendizaje que sobre la adquisición de determinadas competencias. En cualquier caso, darle la oportunidad a nuestros estudiantes de formar parte del proceso de evaluación consigue que se fomente su responsabilidad, su honestidad al valorar los resultados y, por encima de todo, les hace partícipes de una idea: la evaluación no es una herramienta de control, sino un proceso de mejora que compartimos todos los agentes educativos. Evidencias de aprendizaje: más allá del portfolio. Una de las estrategias más utilizadas para poder evaluar de forma continua y completa ha sido el portfolio, que nos daba la posibilidad de recoger de forma documental evidencias del aprendizaje realizado por el estudiante. En los últimos años hemos asistido a una evolución del portfolio en el mundo digital, con la aparición del e-portfolio. El e-portfolio ofrece la posibilidad de ordenar una evolución en constante crecimiento, pero también ofrece la posibilidad de reorganizar de forma sencilla la información. El e-portfolio es definido como un “sistema de información basado en la web, que resulta altamente personalizado y personalizable” (Pérez Juste, 2014). Este sistema nos permite observar la evolución del estudiante a lo largo del tiempo. Quizás, una de las cuestiones más destacables, en contraposición con el portfolio, es la posibilidad de gestionar actividades colaborativas con el resto del alumnado, consiguiendo que las evidencias se enriquezcan con el trabajo en equipo y la interacción con los otros. El e-portfolio se amplía de forma constante, puesto que se da la posibilidad de mejorar el contenido, no solamente con material propio, sino también con hipervínculos, recomendaciones, así como con posibilidades interactivas. El creador del e-portfolio es también el creador de una experiencia digital, capaz de llegar a su usuario (lector) de una forma siempre novedosa. Esta riqueza en los medios facilita también un uso imaginativo del contenido. Aunque puede resultar relativamente sencillo realizar en el mundo digital un mero sustituto del portfolio en papel, podemos ir un poco más lejos introduciendo material multimedia y, sobre todo, material interactivo. El e-portfolio ofrece la posibilidad de ordenar una evolución en constante crecimiento, pero también ofrece la posibilidad de reorganizar de forma sencilla la información. El hecho de poder presentar las evidencias de aprendizaje de forma modular, hace que se pueda enfocar el proceso desde un punto de vista claramente competencial. Muchos de los e-porfolios, manteniendo todavía la trayectoria del portfolio en papel, muestran una ordenación que, con ligeros cambios, se mantiene a lo largo del tiempo. Sin embargo, se puede producir una evolución en la que, en lugar de enfocar el e-portfolio como el seguimiento de una trayectoria, se entienda como una gestión de fragmentos modulares que pueden reordenarse en cualquier momento para hacer frente a un problema real. Es decir, podemos enfocar el e-portfolio como un conjunto de herramientas. Las evidencias educativas a evaluar ya no serían la adquisición secuencial de una serie de contenidos, sino dos cuestiones fundamentales: 1. Los elementos que forman parte del portfolio. 2. La modularidad de dichos elementos. De esta manera, un docente podría evaluar tanto los avances en contenido y competencias como, sobre todo, la posibilidad del alumno para usar ese contenido digital de una forma ordenada, contextual y creativa. La forma de trabajar con el contenido digital se está convirtiendo, ya en la actualidad, en una de las principales habilidades para interactuar con el mundo. Por esa razón, fomentar en nuestros estudiantes la capacidad de basarse en su propia creación para afrontar nuevos retos es una de las principales acciones que podemos fomentar y evaluar como docentes. Abriendo el camino a una nueva forma de presentar las evidencias de aprendizaje. La naturaleza, cada vez más competencial, del proceso de enseñanza-aprendizaje hace necesario un nuevo escenario tanto para el proceso educativo como para la evaluación del mismo. Habiendo señalado la importancia que tiene la evaluación como un proceso que acompaña, apoya y redirige el proceso educativo, hemos de encontrar la manera de cumplir estas mismas funciones cuando los itinerarios de aprendizaje ya no son tan estables como eran antes. Si empezamos a plantearnos la posibilidad de generar paisajes de aprendizaje o itinerarios personalizados utilizando la tecnología, la evaluación aplicada a un alumno no podrá ser la misma que se aplique al resto. Por esa razón, si trabajamos el contenido de forma modular, la evaluación del contenido llevará rúbricas capaces de observar tanto la adquisición del mismo como la capacidad del estudiante para usar dicho contenido en diferentes contextos. Apuntaba antes que una evaluación competencial dentro de los centros educativos suele ser casi siempre una emulación artificial de los contextos que quieren recrearse, pero que, en el mundo digital, estamos interactuando de forma directa con el contexto real. Y en este contexto es donde puede producirse la mayor parte del aprendizaje en el futuro próximo. Un aprendizaje que ha de tener en cuenta, de la misma forma, las competencias clave y la aplicación efectiva del conocimiento. Las actuales herramientas digitales nos permiten gestionar el contenido de una forma diferente. Podemos realizar presentaciones, formularios, documentos y contenido multimedia de muy diversa índole. Podemos, también, establecer estrategias interactivas para presentar o acceder a dicho contenido. La ordenación deja de ser secuencial para ser radial, lo que posibilita una interrelación diferente del contenido. Estas cuestiones hacen que el aprendizaje se convierta en una aventura cada vez más personalizable, sin perder de vista la interacción, que puede convertir nuestros logros en un gran logro conjunto. Del yo al nosotros, evidencias compartidas. Una de las cuestiones que, a día de hoy, todavía son conflictivas es la forma de evaluar el trabajo en equipo. Las diferentes dinámicas pedagógicas que fomentan la interacción entre los estudiantes hacen que el principal objeto de evaluación sea un producto o un proceso generado entre varios estudiantes. Para poder valorar la aportación individual se suelen realizar rúbricas que desmenuzan el proceso consiguiendo valorar las aportaciones individuales. En otras ocasiones, se entiende que el trabajo del grupo debe ser la nota del grupo, independientemente de los esfuerzos o las aportaciones realizadas. Cualquiera de las dos opciones tiene bases sólidas para sostenerse, pero me gustaría señalar que en el mundo digital estas cuestiones se transforman. Realizar un trabajo conjunto en internet posibilita, por ejemplo, trabajar en tiempo real sobre un documento común. Si avanzamos un poco más, un alumno puede reunir la información, otro generar contenido audiovisual y un tercero construir la estructura interactiva que posibilita la navegación por el artefacto digital. Lo auténticamente revolucionario es que un cuarto podría comenzar a conectar su artefacto con el resto de los artefactos digitales creados por otras personas. Es decir, podríamos incluir la interacción como otro elemento más a valorar dentro de nuestro trabajo. La realidad es que en el mundo actual es precisamente la interacción una de las cuestiones que más influyen en la generación de contenido, así como en la generación de riqueza. Conclusiones. Como hemos visto a lo largo del artículo los cambios en la evaluación son necesarios para valorar de una forma justa, dinámica y efectiva. Si partimos del concepto de que la evaluación ha de ser un acompañamiento, estaremos dándole una función útil, que nos hará mejorar cada proceso en que trabajemos. Este paso presenta un cambio importante, porque vamos de un modelo de control puntual, a un modelo de seguimiento procesual para la mejora. En este ámbito entran, por supuesto, las competencias como pilares fundamentales y, sobre todo, la idea de que en estos momentos podemos empezar a realizar una evaluación competencial cada vez más rica. La tecnología nos permite revisar con rapidez evoluciones, tendencias y hacer comparativas. Además, cada una de esas cuestiones, no estará referida a una asignatura sino a los diferentes indicadores que formen parte de los estándares de aprendizaje. Nunca habíamos vivido un momento con tanto interés por la educación. Y aún así necesitamos dar seguridad, solidez y certeza a las innovaciones que estamos construyendo. Solamente podremos mejorar si revisamos nuestros procesos, si los analizamos de forma adecuada, asegurándonos de dos cuestiones. La primera de ellas: que nuestra evaluación contribuya a la mejora constante del estudiante, no simplemente a calificarle con una nota. Y la segunda: que comprendamos como el mundo digital nos pone un contexto real para la evaluación competencial, además de ayudarnos a hacer un seguimiento de dicho proceso. Los cambios que se han producido en la sociedad han influido en la educación. Y nosotros, como docentes, debemos ser capaces de afrontar el reto de impulsar, acompañar y valorar los logros de nuestros estudiantes de la forma más completa posible. Para ello, en una buena evaluación, encontraremos a nuestra mejor aliada. Referencias bibliográficas. CALATAYUD SALOM, A. (2000). “Reflexión de los alumnos de Educación Primaria sobre preconcepiones evaluativas”. En VVAA. Evaluación como ayuda al aprendizaje. Barcelona: Editorial Graó-Laboratorio Educativo. CALATAYUD SALOM, A. (2007). “La evaluación como instrumento de aprendizaje y mejora. Una luz al fondo”. En Calatayud, A. (Dir.). La evaluación como instrumento de aprendizaje. Técnicas y estrategias. Madrid: Instituto Superior de Formación del Profesorado. PÉREZ JUSTE, R. (2014). “El e-portfolio o portfolio digital”. En Pérez Juste, R. (Coord.). El portfolio. Aprendizaje, competencias y evaluación. Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia. NOTA: Todas las imágenes utilizadas son propiedad del autor, quien cede sus derechos de reproducción.

La evaluación resulta esencial en el sistema educativo porque es la herramienta fundamental para mejorar el proceso de enseñanza. Sin embargo, evaluar es una acción que tradicionalmente se ha identificado con el final del camino; se ha convertido en un control sobre el rendimiento del estudiante que se traduce en una nota numérica. Esa nota no tiene contexto, es media de cuestiones muy diversas y pone nombre al esfuerzo, al conocimiento y a las competencias desarrolladas. A nadie se le escapa la dificultad de que dicha forma de evaluación se convierta en una herramienta útil para mejorar nuestros centros educativos.

Si queremos que la evaluación sea útil deberá centrarse en el estudiante y ponerse al servicio del proceso de aprendizaje

Debemos tener en cuenta, además, que, como señala Calatayud (2007), la evaluación condiciona tanto el proceso de enseñanza-aprendizaje como la relación entre el profesor y el alumno, además del contenido, la metodología, etc. Si queremos que la evaluación sea útil deberá centrarse en el estudiante y ponerse al servicio del proceso de aprendizaje. Solamente entendiendo la evaluación como un conjunto coordinado de acciones, capaces de hacer un acompañamiento, cobrará realmente sentido. Estas acciones habrán de ser numerosas, contrastadas y transparentes. Deberán dar información que nos permita detectar problemas y analizar en su complejidad el proceso educativo.

Nuevos rumbos para la evaluación en un mundo digital 

La capacidad que hemos tenido hasta ahora para manejar datos, preparar documentos o realizar comparativas, ha sido muy reducida. Sin embargo, las posibilidades que nos brinda la tecnología para automatizar determinados procesos y contextualizar la información, hace que podamos establecer una dinámica mucho más rica para evaluar. Ya no se trata de hacer medias de tres exámenes, si queremos manejar rúbricas con docenas de indicadores varias veces por trimestre, podemos hacerlo con relativa sencillez. De forma automatizada podemos cruzar estos datos con otras aulas, otros docentes o mostrar tendencias en la evolución que está teniendo un estudiante. El hecho de que dichos datos sean manejables de una forma gráfica, comprensible y rápida, nos permite tomar decisiones fundamentadas para mejorar nuestro trabajo docente.

En cualquier caso, de nada nos servirán todos estos avances si no fomentamos una cultura de la evaluación. Debemos comprender que el seguimiento ha de ser formativo, ofreciéndonos información que nos ayude a mejorar el desempeño de todos los actores del proceso. La práctica docente ha de enriquecerse constantemente con una valoración, de la misma manera que el desempeño de los estudiantes también debe mejorar con las indicaciones que se deriven de la evaluación. A esto hay que añadir que, para que esa evaluación sea global, debe revisarse también la actuación de la Administración y de la Inspección Educativa.

Nuevos rumbos para la evaluación en un mundo digital

2. Evaluación, competencias y el nuevo mundo digital

La evaluación por competencias hace necesario que valoremos la capacidad de nuestros estudiantes para resolver problemas en un contexto cotidiano. No estamos evaluando el contenido, sino la aplicación del mismo. Valoramos la capacidad del estudiante para utilizar lo que sabe en distintos contextos.

Evidentemente, si queremos evaluar por competencias, nos encontramos con la dificultad de no poder aplicar de forma cotidiana ese conocimiento a situaciones reales. El aula no deja de ser un entorno artificial. Sin embargo, la entrada en nuestras aulas del mundo digital, así como el uso cada vez más participativo, creativo y funcional de la tecnología, cambia nuestra capacidad para evaluar de forma competencial. No es ningún secreto que la realidad de nuestros estudiantes ha cambiado. La interacción que se produce a través de la tecnología, así como la colaboración para la realización de proyectos comunes, requieren un uso relativamente cotidiano de la red.

Si los contextos cambian, nuestra forma de evaluar también

Esto hace que nuestra forma de enfocar lo competencial también se transforme. Si los contextos cambian, nuestra forma de evaluar también. Antes, si queríamos evaluar sobre situaciones reales, debíamos fomentarlas o recrearlas. Ahora, la realidad debe tener en cuenta el mundo digital porque en ese mundo es donde nuestros estudiantes habrán de resolver la mayor parte de sus problemas cotidianos.

Para evaluar de forma competencial deberemos tener en cuenta una serie de cuestiones:

- La evaluación ha de formar parte del proceso cotidiano de enseñanza-aprendizaje. Es decir, no debe ser la culminación de un camino, sino un acompañamiento que incita a la reflexión, la flexibilidad y la mejora.

- La evaluación ha de ser transparente y significativa. Esto implica que los estudiantes deben ser capaces de comprender perfectamente lo que se está evaluando, siendo, además, conscientes de su importancia.

- La evaluación ha de ser coherente con el proceso de trabajo. La evaluación continua nos obliga a flexibilizar las tareas docentes dándonos la posibilidad de replantear determinadas actuaciones en pro de la mejora. De la misma forma, la evaluación también debe ser flexible para ser coherente. Aunque unos indicadores precisos pueden marcar muy bien cuáles son las cuestiones que serán evaluadas, también es importante que dicha evaluación nunca pierda la conexión con la realidad. Si nuestros estudiantes perciben que lo que evaluamos se aleja del contexto, la evaluación volvería a convertirse en una mera acción de control.

- Ha de tener un importante componente cualitativo. Si partimos de una idea reflexiva de la evaluación, no podemos perder de vista que es necesario analizar la información de forma cualitativa, realizando observaciones imposibles de recoger de forma numérica.

- Para que este tipo de evaluación funcione es necesario que sea percibida como un instrumento útil. Debe evitarse la imagen de medición constante y, por supuesto, la imagen de un instrumento coercitivo para el estudiante. Ha de ser entendida como una colaboración, una ayuda o una reflexión sobre el trabajo para fomentar la mejora del mismo.

- Al revisarse diferentes procesos y valorarse diferentes competencias con cada acción evaluativa, todas ellas pueden ser percibidas como actividades cotidianas de aprendizaje. Es más, se pueden convertir en puentes de conexión entre contenido de diferentes materias. Cuando evaluamos competencias no evaluamos compartimentos estancos; por eso, una buena evaluación competencial puede dar solidez a un proyecto globalizado.

- Trabajar la evaluación con criterios consensuados entre los diferentes docentes. Esta cuestión es fundamental para establecer una estructura evaluativa comprensible por los estudiantes. Si mantenemos una metodología evaluativa similar entre todos los docentes le daremos más coherencia, rigor y estabilidad al proceso.

La evaluación ha de formar parte del proceso cotidiano de enseñanza-aprendizaje, no debe ser la culminación de un camino, sino un acompañamiento que incita a la reflexión, la flexibilidad y la mejora

Estructura de una valoración por competencias.

- Toda evaluación debe tener en cuenta el punto de partida, por eso la evaluación inicial es totalmente necesaria para poder valorar posteriormente el progreso competencial de los estudiantes.

- Establecer, de forma clara, cuáles serán los objetivos que perseguiremos. Estos objetivos deben explicarse de la forma más precisa posible, ya que tanto los docentes como los estudiantes deben comprender de forma adecuada la meta que nos estamos marcando.

- Revisar cuáles serán los criterios, la metodología y, sobre todo, los instrumentos que utilizaremos en esta evaluación. En este sentido conviene que se revisen de forma precisa los indicadores y descriptores. Para ello es necesario que los docentes compartan una visión clara de lo que vamos a evaluar. Una vez que los indicadores se definen, sientan una visión de lo que nuestros estudiantes deben poder hacer, lo que influye en el proceso de las diferentes asignaturas. Además, es necesario que se trabaje de forma interdepartamental para hacerlo, puesto que muchas de las cuestiones evaluadas incidirán en la metodología que se aplica en las aulas.

- Recoger los datos para la evaluación. Esta cuestión tiene también una gran importancia, ya que no siempre la recogida de datos se lleva a cabo de una forma adecuada. Los datos han de llegar al evaluador de la forma más precisa posible para que se puedan tomar las decisiones adecuadas a la hora de valorar.

- Toda valoración debe llevar implícita una propuesta de mejora. Es esencial que la evaluación sea lo más formativa posible, por esa razón necesitamos que, en todo momento, ofrezca información útil sobre cómo mejorar.

 

Dar una nota, sin ofrecer más explicaciones, no es más que un control sobre el aprendizaje: lo interesante de la evaluación es que nos ayude a mejorar en el día a día

3. Autoevaluación

Calatayud (2000, pág. 23) definía la autoevaluación como un proceso de reflexión en el que el sujeto en formación participa en su propia evaluación. Esta idea ha ido evolucionando en los últimos años debido a los diferentes avances en el mundo digital y al interés creciente por la mejora pedagógica.

Darle a los estudiantes la posibilidad de participar en el proceso de evaluación es, evidentemente, muy coherente con las ideas presentadas hasta ahora en este artículo. Si pensamos en la evaluación como un proceso de acompañamiento que mejora constantemente el aprendizaje, sería deseable que el discente, como principal interesado, reciba la información y sea capaz de utilizarla, al igual que el docente para mejorar su trabajo. Compartir además la responsabilidad sobre la evaluación del proceso nos va a permitir fomentar una actitud más honesta ante el trabajo de enseñanza-aprendizaje por parte de todos los agentes que intervienen, haciendo de la transparencia, los criterios objetivos y la efectividad sus principales características.

Para conseguir que la autoevaluación se produzca de la forma más útil posible es necesario que tengamos en cuenta una serie de cuestiones. Antes de comenzar es fundamental que se explique, con la máxima claridad, los objetivos que se están persiguiendo y cuál será la metodología a aplicar. Posteriormente, podremos recordar los conocimientos previos y el itinerario que seguiremos. Después, tendremos que trabajar sobre cuáles serán los criterios de evaluación, los instrumentos que utilizaremos, facilitar las rúbricas en caso de que vayamos a utilizarlas y, evidentemente, tener en cuenta esa autoevaluación a la hora de calificar al estudiante.

La evaluación no es una herramienta de control, sino un proceso de mejora que compartimos todos los agentes educativos

Todas estas cuestiones son esenciales para que la autoevaluación funcione correctamente. Pero, aún así, deberíamos tener en cuenta que cualquier proceso de evaluación depende mucho de la metodología con la que estemos trabajando. No va a tener la misma naturaleza una autoevaluación sobre un producto de aprendizaje que sobre la adquisición de determinadas competencias. En cualquier caso, darle la oportunidad a nuestros estudiantes de formar parte del proceso de evaluación consigue que se fomente su responsabilidad, su honestidad al valorar los resultados y, por encima de todo, les hace partícipes de una idea: la evaluación no es una herramienta de control, sino un proceso de mejora que compartimos todos los agentes educativos.

4. Evidencias de aprendizaje: más allá del portfolio

Una de las estrategias más utilizadas para poder evaluar de forma continua y completa ha sido el portfolio, que nos daba la posibilidad de recoger de forma documental evidencias del aprendizaje realizado por el estudiante. En los últimos años hemos asistido a una evolución del portfolio en el mundo digital, con la aparición del e-portfolio.

El e-portfolio ofrece la posibilidad de ordenar una evolución en constante crecimiento, pero también ofrece la posibilidad de reorganizar de forma sencilla la información

El e-portfolio es definido como un “sistema de información basado en la web, que resulta altamente personalizado y personalizable” (Pérez Juste, 2014). Este sistema nos permite observar la evolución del estudiante a lo largo del tiempo. Quizás, una de las cuestiones más destacables, en contraposición con el portfolio, es la posibilidad de gestionar actividades colaborativas con el resto del alumnado, consiguiendo que las evidencias se enriquezcan con el trabajo en equipo y la interacción con los otros.

El e-portfolio se amplía de forma constante, puesto que se da la posibilidad de mejorar el contenido, no solamente con material propio, sino también con hipervínculos, recomendaciones, así como con posibilidades interactivas. El creador del e-portfolio es también el creador de una experiencia digital, capaz de llegar a su usuario (lector) de una forma siempre novedosa. Esta riqueza en los medios facilita también un uso imaginativo del contenido. Aunque puede resultar relativamente sencillo realizar en el mundo digital un mero sustituto del portfolio en papel, podemos ir un poco más lejos introduciendo material multimedia y, sobre todo, material interactivo.

El e-portfolio ofrece la posibilidad de ordenar una evolución en constante crecimiento, pero también ofrece la posibilidad de reorganizar de forma sencilla la información. El hecho de poder presentar las evidencias de aprendizaje de forma modular, hace que se pueda enfocar el proceso desde un punto de vista claramente competencial. Muchos de los e-porfolios, manteniendo todavía la trayectoria del portfolio en papel, muestran una ordenación que, con ligeros cambios, se mantiene a lo largo del tiempo. Sin embargo, se puede producir una evolución en la que, en lugar de enfocar el e-portfolio como el seguimiento de una trayectoria, se entienda como una gestión de fragmentos modulares que pueden reordenarse en cualquier momento para hacer frente a un problema real. Es decir, podemos enfocar el e-portfolio como un conjunto de herramientas. Las evidencias educativas a evaluar ya no serían la adquisición secuencial de una serie de contenidos, sino dos cuestiones fundamentales:

            1. Los elementos que forman parte del portfolio.

            2. La modularidad de dichos elementos.

De esta manera, un docente podría evaluar tanto los avances en contenido y competencias como, sobre todo, la posibilidad del alumno para usar ese contenido digital de una forma ordenada, contextual y creativa. La forma de trabajar con el contenido digital se está convirtiendo, ya en la actualidad, en una de las principales habilidades para interactuar con el mundo. Por esa razón, fomentar en nuestros estudiantes la capacidad de basarse en su propia creación para afrontar nuevos retos es una de las principales acciones que podemos fomentar y evaluar como docentes.

5. Abriendo el camino a una nueva forma de presentar las evidencias de aprendizaje

La naturaleza, cada vez más competencial, del proceso de enseñanza-aprendizaje hace necesario un nuevo escenario tanto para el proceso educativo como para la evaluación del mismo. Habiendo señalado la importancia que tiene la evaluación como un proceso que acompaña, apoya y redirige el proceso educativo, hemos de encontrar la manera de cumplir estas mismas funciones cuando los itinerarios de aprendizaje ya no son tan estables como eran antes. Si empezamos a plantearnos la posibilidad de generar paisajes de aprendizaje o itinerarios personalizados utilizando la tecnología, la evaluación aplicada a un alumno no podrá ser la misma que se aplique al resto. Por esa razón, si trabajamos el contenido de forma modular, la evaluación del contenido llevará rúbricas capaces de observar tanto la adquisición del mismo como la capacidad del estudiante para usar dicho contenido en diferentes contextos.

Apuntaba antes que una evaluación competencial dentro de los centros educativos suele ser casi siempre una emulación artificial de los contextos que quieren recrearse, pero que, en el mundo digital, estamos interactuando de forma directa con el contexto real. Y en este contexto es donde puede producirse la mayor parte del aprendizaje en el futuro próximo. Un aprendizaje que ha de tener en cuenta, de la misma forma, las competencias clave y la aplicación efectiva del conocimiento.

Las actuales herramientas digitales nos permiten gestionar el contenido de una forma diferente. Podemos realizar presentaciones, formularios, documentos y contenido multimedia de muy diversa índole. Podemos, también, establecer estrategias interactivas para presentar o acceder a dicho contenido. La ordenación deja de ser secuencial para ser radial, lo que posibilita una interrelación diferente del contenido. Estas cuestiones hacen que el aprendizaje se convierta en una aventura cada vez más personalizable, sin perder de vista la interacción, que puede convertir nuestros logros en un gran logro conjunto.

6. Del yo al nosotros, evidencias compartidas

Una de las cuestiones que, a día de hoy, todavía son conflictivas es la forma de evaluar el trabajo en equipo. Las diferentes dinámicas pedagógicas que fomentan la interacción entre los estudiantes hacen que el principal objeto de evaluación sea un producto o un proceso generado entre varios estudiantes. Para poder valorar la aportación individual se suelen realizar rúbricas que desmenuzan el proceso consiguiendo valorar las aportaciones individuales. En otras ocasiones, se entiende que el trabajo del grupo debe ser la nota del grupo, independientemente de los esfuerzos o las aportaciones realizadas. Cualquiera de las dos opciones tiene bases sólidas para sostenerse, pero me gustaría señalar que en el mundo digital estas cuestiones se transforman. Realizar un trabajo conjunto en internet posibilita, por ejemplo, trabajar en tiempo real sobre un documento común. Si avanzamos un poco más, un alumno puede reunir la información, otro generar contenido audiovisual y un tercero construir la estructura interactiva que posibilita la navegación por el artefacto digital. Lo auténticamente revolucionario es que un cuarto podría comenzar a conectar su artefacto con el resto de los artefactos digitales creados por otras personas. Es decir, podríamos incluir la interacción como otro elemento más a valorar dentro de nuestro trabajo.

La realidad es que en el mundo actual es precisamente la interacción una de las cuestiones que más influyen en la generación de contenido, así como en la generación de riqueza

7. Conclusiones

Como hemos visto a lo largo del artículo los cambios en la evaluación son necesarios para valorar de una forma justa, dinámica y efectiva. Si partimos del concepto de que la evaluación ha de ser un acompañamiento, estaremos dándole una función útil, que nos hará mejorar cada proceso en que trabajemos. Este paso presenta un cambio importante, porque vamos de un modelo de control puntual, a un modelo de seguimiento procesual para la mejora. En este ámbito entran, por supuesto, las competencias como pilares fundamentales y, sobre todo, la idea de que en estos momentos podemos empezar a realizar una evaluación competencial cada vez más rica. La tecnología nos permite revisar con rapidez evoluciones, tendencias y hacer comparativas. Además, cada una de esas cuestiones, no estará referida a una asignatura sino a los diferentes indicadores que formen parte de los estándares de aprendizaje.

Nunca habíamos vivido un momento con tanto interés por la educación. Y aún así necesitamos dar seguridad, solidez y certeza a las innovaciones que estamos construyendo. Solamente podremos mejorar si revisamos nuestros procesos, si los analizamos de forma adecuada, asegurándonos de dos cuestiones. La primera de ellas: que nuestra evaluación contribuya a la mejora constante del estudiante, no simplemente a calificarle con una nota. Y la segunda: que comprendamos como el mundo digital nos pone un contexto real para la evaluación competencial, además de ayudarnos a hacer un seguimiento de dicho proceso. Los cambios que se han producido en la sociedad han influido en la educación. Y nosotros, como docentes, debemos ser capaces de afrontar el reto de impulsar, acompañar y valorar los logros de nuestros estudiantes de la forma más completa posible. Para ello, en una buena evaluación, encontraremos a nuestra mejor aliada.

8. Referencias bibliográficas

CALATAYUD SALOM, A. (2000). “Reflexión de los alumnos de Educación Primaria sobre preconcepiones evaluativas”. En VVAA. Evaluación como ayuda al aprendizaje. Barcelona: Editorial Graó-Laboratorio Educativo.

CALATAYUD SALOM, A. (2007). “La evaluación como instrumento de aprendizaje y mejora. Una luz al fondo”. En Calatayud, A. (Dir.). La evaluación como instrumento de aprendizaje. Técnicas y estrategias. Madrid: Instituto Superior de Formación del Profesorado.

PÉREZ JUSTE, R. (2014). “El e-portfolio o portfolio digital”. En Pérez Juste, R. (Coord.). El portfolio. Aprendizaje, competencias y evaluación. Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.