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Visor

Para promover un clima escolar ordenado y de altas expectativas

Establecer un código de conducta favorecedor del orden y del respeto a las personas y a las tareas de enseñar y de aprender. Aplicarlo con firmeza y, a la vez, con justicia.

Ese binomio, aparentemente contradictorio, formado por la exigencia y el afecto constituye una herramienta poderosa a la hora de promover conductas positivas sea en los alumnos, sea en los profesores.

Fijar metas elevadas y emplear procedimientos de refuerzo de los logros y de consideración de los avances.

Esta estrategia corresponde tanto a los profesores con relación a sus  alumnos, como a la Dirección con respecto a sus profesores. Son aplicables, también en este caso, algunas de las técnicas del coaching citadas en el capítulo de Prácticas efectivas en el aula.

Elaborar, revisar o evaluar las normas del centro y las normas de aula incorporando la reflexión sobre los valores educativos que nutren una cultura de la excelencia.

Las normas son pautas o criterios que orientan y modelan nuestro comportamiento y cuyo valor reside en que concretan aquellos deberes que permiten garantizar  nuestros derechos. Estos derechos implican valores que responden a lo que necesitamos para vivir en sociedad.

La elaboración de las normas, tanto las de centro como las de aula, son una oportunidad para reflexionar sobre los valores y virtudes de la excelencia que concretan las condiciones y necesidades de la formación académica y personal. La laboriosidad, la responsabilidad, la colaboración, el esfuerzo personal, el respeto al trabajo de los demás, etc. son virtudes y valores que deberían estar presentes en las normas escolares.

Las normas de aula tienen como referente las normas de centro y tratan de “acomodar” éstas a la realidad concreta de la clase. Las normas de aula permiten un mayor dinamismo priorizando y temporalizando,  en relación con su cumplimiento, objetivos de mejora de la actividad del grupo. Ambos códigos de conducta han de ser coherentes y deben beneficiarse de una acción reflexiva de carácter sistemático.

Para la elaboración de las normas se sugieren las siguientes recomendaciones:

  • Procurar que el proceso de elaboración sea participativo, despertando la reflexión, el acuerdo, cuando proceda, y el compromiso
  • Reflexionar sobre la relación entre los derechos de las personas y las obligaciones que permiten garantizarlos, entre la libertad y sus límites, así como sobre el sentido democrático de las normas, que basa la  autonomía moral en el respeto a la ley
  • Tener en cuenta el marco legal que establece derechos, tratando de comprender su significado; y deberes, que tipifican las conductas
  • Establecer criterios de aplicación de consecuencias, así como  acciones correctoras y medidas preventivas, entre otros procedimientos de actuación. Del mismo modo que al comportamiento contrario a las normas le sigue la corrección o la sanción, el cumplimiento adecuado de las normas debería encontrar alguna consecuencia positiva (de reconocimiento)
  • Concretar el procedimiento de la evaluación de las normas para que tengan un carácter vivo, de regulación positiva de la actividad en el centro